Guía de suplementos para combatir el cansancio invernal

Con la llegada del invierno, muchas personas notan una bajada de energía, sensación de agotamiento constante y una mayor dificultad para concentrarse o mantener el ánimo. Las bajas temperaturas, la menor exposición a la luz solar y el cambio de rutinas tras las fiestas navideñas son factores que pueden influir en ese estado general de fatiga.

Aunque una alimentación equilibrada, el descanso adecuado y el ejercicio regular son fundamentales para mantener la vitalidad, en ocasiones puede ser necesario un refuerzo extra. En este artículo te contamos qué suplementos pueden ayudarte a recuperar la energía en esta época del año y cómo actúan en tu organismo.

Magnesio: el mineral clave para la energía muscular y mental

El magnesio es uno de los minerales esenciales más importantes en el metabolismo energético. Interviene en más de 300 reacciones bioquímicas del cuerpo y es fundamental para el correcto funcionamiento de músculos, nervios y cerebro.

Durante el invierno, el estrés, el cansancio acumulado o una dieta menos rica en vegetales pueden hacer que los niveles de magnesio bajen. Esto puede traducirse en fatiga, calambres musculares, irritabilidad o dificultad para dormir. Un suplemento de magnesio puede ser de gran ayuda para mejorar la sensación de bienestar general.

Vitaminas del grupo B: un apoyo integral para cuerpo y mente

Las vitaminas B (especialmente B1, B2, B6, B9 y B12) son conocidas por su papel en la producción de energía celular. Participan en el metabolismo de los hidratos de carbono, proteínas y grasas, lo que permite que el cuerpo obtenga energía de los alimentos.

También están muy relacionadas con el sistema nervioso: ayudan a reducir el cansancio mental, mejoran la concentración y favorecen el equilibrio emocional. En épocas de estrés, trabajo intenso o bajón anímico, pueden ser especialmente beneficiosas.

Un déficit de vitaminas B es más frecuente de lo que parece, sobre todo en personas con dietas poco equilibradas, mayores o con problemas digestivos. Por eso, su suplementación puede marcar la diferencia cuando el cansancio se hace notar.

Jalea real: energía natural desde la colmena

La jalea real es una sustancia natural producida por las abejas que destaca por su alto valor nutritivo. Contiene una combinación única de vitaminas, minerales, aminoácidos y ácidos grasos que ayudan a mejorar la resistencia física y mental.

Tradicionalmente se ha utilizado como “revitalizante natural”, especialmente en los cambios de estación o en momentos de bajada de defensas. Su efecto energizante es suave, pero sostenido, lo que la convierte en una opción muy valorada para quienes buscan un extra de vitalidad sin recurrir a estimulantes artificiales.

Hierro y vitamina C: un dúo eficaz contra la fatiga

La falta de hierro es una de las causas más comunes de fatiga, especialmente en mujeres. Este mineral es esencial para transportar oxígeno a las células y, cuando sus niveles bajan, también lo hace la energía.

En caso de deficiencia leve o cansancio persistente, se puede valorar un suplemento de hierro, preferiblemente acompañado de vitamina C para mejorar su absorción. Eso sí, siempre es recomendable consultar con un profesional antes de iniciar este tipo de suplementación.

¿Y si el cansancio es más emocional?

En invierno también puede aparecer una especie de «bajón anímico» relacionado con la falta de luz solar y los días más cortos. Algunas personas sienten tristeza, apatía o desgana. En estos casos, nutrientes como el triptófano, el magnesio o ciertas vitaminas pueden colaborar con el equilibrio del sistema nervioso.

No se trata solo de “tener energía”, sino de sentirte bien física y mentalmente. Por eso, es importante no ignorar estas señales del cuerpo y buscar soluciones integrales.

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¿Por Qué Se Agrietan Tus Labios y Cómo Cuidarlos de Verdad?

Los labios agrietados no solo son molestos: duelen, se ven mal y pueden llegar a sangrar. Si alguna vez has sentido esa tirantez incómoda, sabes lo difícil que puede ser encontrar un alivio duradero. En este artículo, como profesionales sanitarios, te contamos por qué ocurre y qué puedes hacer realmente para tratarlos.

¿Por Qué Se Agrietan los Labios?

Nuestros labios están constantemente expuestos al ambiente y, a diferencia de otras zonas del cuerpo, no tienen glándulas sebáceas que los mantengan hidratados de forma natural. Por eso, son mucho más sensibles a factores como:

  • El frío y el viento
  • Cambios bruscos de temperatura
  • La calefacción o el aire acondicionado
  • El sol
  • La deshidratación
  • Lamerse los labios con frecuencia

Todo esto puede provocar sequedad, descamación, grietas y hasta pequeñas heridas.

Señales de que Necesitas Actuar

Algunas señales que indican que tus labios necesitan atención inmediata:

  • Sensación de tirantez o ardor
  • Grietas visibles o piel levantada
  • Pequeñas heridas o sangrado
  • Enrojecimiento persistente

Es importante no ignorarlas, ya que pueden empeorar si no se tratan adecuadamente.

Qué Hacer (y Qué No Hacer) para Recuperar Tus Labios

Lo que SÍ debes hacer:

Hidrata con frecuencia: Usa un bálsamo labial formulado específicamente para reparar labios agrietados. Busca aquellos con ingredientes nutritivos como manteca de karité, pantenol, o ceramidas.

Protege del frío y del sol: Aplica bálsamos con filtro solar en invierno y verano, y cúbrete la boca en días de viento o frío intenso.

Bebe suficiente agua: Muchas veces la sequedad labial es un reflejo de deshidratación interna.

Haz una exfoliación suave (1 vez por semana): Ayuda a eliminar células muertas y a que el tratamiento penetre mejor.

Consulta a tu farmacéutico: Si las grietas persisten o hay signos de infección (pus, dolor intenso, hinchazón), es mejor acudir a un profesional.

Lo que NO debes hacer:

🚫 Evita lamerte los labios: La saliva se evapora rápido y los reseca aún más.

🚫 No arranques las pielecitas: Esto puede causar heridas y empeorar la irritación.

🚫 Evita cosméticos agresivos: Algunos labiales o productos con alcohol pueden agravar el problema.

¿Y Si Nada Funciona?

Si a pesar de los cuidados los labios siguen agrietados o se forman heridas recurrentes, podría tratarse de una afección como queilitis (inflamación crónica) o una infección por hongos o bacterias. En estos casos, es fundamental acudir a un profesional sanitario para una evaluación más precisa.

En Resumen

Cuidar tus labios no es solo una cuestión estética, sino de salud. Hidratar, proteger y consultar cuando sea necesario es la mejor forma de mantenerlos sanos todo el año.

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Vitaminas y suplementos para reforzar el sistema inmune en noviembre

Con la llegada del frío en noviembre y los cambios de temperatura típicos del otoño, nuestro cuerpo necesita un refuerzo extra para mantenerse fuerte y protegido frente a los virus y bacterias propios de esta época. La bajada de horas de luz, el aumento de la humedad y el estrés que suele acompañar al cambio de estación pueden debilitar nuestras defensas. Por eso, es un momento ideal para prestar especial atención al sistema inmunológico y ayudarlo con vitaminas y suplementos que lo fortalezcan.

¿Por qué reforzar el sistema inmune en esta época?

Durante los meses fríos, pasamos más tiempo en espacios cerrados y mal ventilados, lo que facilita la transmisión de virus como los del resfriado común o la gripe. Además, los niveles de vitamina D tienden a bajar por la falta de exposición solar, lo que influye directamente en nuestras defensas. A esto se suman los cambios en la rutina y el estrés pre-navideño, que también pueden afectar al sistema inmune.

Una alimentación equilibrada, el descanso adecuado, el ejercicio moderado y una buena hidratación son la base para una buena salud. Sin embargo, en ocasiones puede ser necesario un aporte extra en forma de suplementos.

Vitaminas y suplementos clave para el sistema inmune

Vitamina C
Es una de las más conocidas por su papel en el sistema inmunitario. Ayuda a aumentar la producción de glóbulos blancos, que son fundamentales para combatir infecciones. También tiene un potente efecto antioxidante que protege a las células del daño oxidativo.

Vitamina D
Es esencial para el buen funcionamiento del sistema inmunitario. En los meses de menos sol, es frecuente encontrar niveles bajos en la población, lo que puede comprometer nuestra capacidad para defendernos frente a virus y bacterias. Su suplementación es especialmente importante en otoño e invierno.

Zinc
Este mineral participa en múltiples procesos del sistema inmunológico y tiene propiedades antivirales. Ayuda a reducir la duración y la gravedad de los resfriados y es un gran aliado para las defensas.

Equinácea
Es una planta utilizada tradicionalmente para prevenir y tratar infecciones respiratorias. Algunos estudios sugieren que puede ayudar a reducir la probabilidad de resfriarse y acortar la duración de los síntomas si se toma al inicio.

Probióticos
Un intestino sano es clave para unas defensas fuertes. Los probióticos ayudan a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal, lo que influye directamente en la respuesta inmune. En especial, pueden ser útiles en personas que han tomado antibióticos recientemente o tienen digestiones difíciles.

Jalea Real y Propóleo
Ambos productos de origen apícola son energizantes naturales y estimulan el sistema inmunológico. La jalea real aporta vitaminas del grupo B, minerales y aminoácidos, mientras que el propóleo tiene propiedades antimicrobianas.

¿Qué suplemento es el adecuado para ti?

Cada persona tiene necesidades distintas. Lo ideal es consultar con un profesional sanitario que pueda valorar tu situación particular y recomendarte el suplemento más adecuado, tanto por su composición como por la dosis necesaria.

En noviembre, cuidar tu sistema inmune es una inversión en bienestar. Estar preparado te ayudará a disfrutar del otoño con energía, vitalidad y menos molestias propias de la temporada.

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Mujer cepillandose los dientes

¿Cada cuánto tiempo hay que renovar el cepillo de dientes?

Mantener una buena salud bucodental es esencial para nuestra calidad de vida, y el cepillo de dientes juega un papel protagonista en esa tarea diaria. Sin embargo, muchas veces no le prestamos la atención que merece ni sabemos con exactitud cuándo deberíamos reemplazarlo. En este artículo te contamos todo lo que necesitas saber para no descuidar tu higiene oral.

¿Por qué es importante cambiar el cepillo de dientes?

El cepillo de dientes es una herramienta de higiene personal que, con el uso diario, se desgasta, pierde eficacia y puede acumular bacterias. Aunque a simple vista pueda parecer en buen estado, con el tiempo las cerdas se deforman y su capacidad para eliminar la placa dental disminuye significativamente. Además, las bacterias que se alojan en el cabezal pueden provocar infecciones si el cepillo no se cambia con la frecuencia adecuada.

La recomendación oficial: cada 3 meses

Los expertos en salud bucodental, incluyendo la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los colegios oficiales de dentistas, recomiendan sustituir el cepillo de dientes —ya sea manual o eléctrico— cada tres meses. Este periodo puede variar en función del uso que se le dé, de la técnica de cepillado, y del estado del cepillo.

Un cepillo desgastado no limpia con la misma eficacia y puede dañar el esmalte dental o las encías. Si observas que las cerdas están abiertas o torcidas, aunque no hayan pasado los tres meses, es momento de cambiarlo.

¿Y si estoy enfermo?

Cuando pasamos por infecciones bucales, resfriados, gripes o cualquier enfermedad que involucre virus o bacterias, es recomendable cambiar el cepillo justo al terminar el proceso. Aunque la probabilidad de reinfección es baja, no se puede descartar por completo, especialmente si el sistema inmune aún se está recuperando.

Cepillos para niños: aún más atención

En el caso de los niños, hay que ser especialmente cuidadosos. Los más pequeños tienden a morder el cepillo o a usarlo de forma más brusca, lo que acelera su desgaste. En estos casos, el cambio puede ser necesario antes de los tres meses.

Consejos para mantener tu cepillo en buen estado

  • Enjuágalo bien después de cada uso para eliminar restos de pasta y bacterias.
  • Déjalo secar al aire, sin taparlo, para evitar la proliferación de microorganismos.
  • No compartas tu cepillo de dientes, ni siquiera con familiares cercanos.
  • Guárdalo en posición vertical y separado del resto.

Renovar el cepillo a tiempo es cuidar tu salud

Cambiar el cepillo de dientes con regularidad no es solo una cuestión de higiene, sino también una inversión en salud a largo plazo. Un cepillo en mal estado puede generar problemas como caries, mal aliento o inflamación de encías. Prestar atención a estos pequeños detalles marca una gran diferencia.

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Primer plano de las manos de una persona siendo lavadas con jabón en el grifo del baño

Claves para una correcta higiene de manos sin resecar la piel

Lavarse las manos es uno de los gestos más simples y eficaces para prevenir enfermedades. Desde infecciones respiratorias hasta virus gastrointestinales, la higiene de manos ha demostrado ser clave para cortar la cadena de contagios. Sin embargo, un lavado frecuente o el uso excesivo de gel hidroalcohólico puede comprometer la salud de la piel, provocando sequedad, irritación e incluso grietas dolorosas.

Por eso, queremos ayudarte a encontrar el equilibrio entre una higiene eficaz y el cuidado dermatológico. A continuación, te damos las claves para mantener tus manos limpias y saludables sin poner en riesgo su barrera natural.

1. Lávate las manos solo cuando sea necesario

Aunque suene contradictorio, no se trata de lavarse constantemente, sino de hacerlo en los momentos adecuados: antes de comer, al llegar a casa, después de ir al baño, tras tocar superficies públicas o atender a alguien enfermo. Este hábito selectivo ayuda a mantener la piel protegida sin renunciar a la higiene.

2. Usa agua tibia, no caliente

El agua caliente puede eliminar los aceites naturales de la piel, provocando sequedad. El agua tibia, en cambio, es suficiente para arrastrar la suciedad sin dañar la barrera cutánea.

3. Elige un jabón suave y respetuoso con la piel

Opta por jabones sin fragancias agresivas ni ingredientes irritantes. Los jabones con pH neutro o formulados para piel sensible ayudan a limpiar sin alterar el equilibrio natural de la epidermis.

4. No frotes en exceso ni prolongues el lavado

Un lavado eficaz debe durar entre 40 y 60 segundos. Frotar con fuerza o extender el tiempo innecesariamente puede dañar la capa protectora de la piel. Sigue los pasos adecuados, incluyendo palmas, dorsos, entre los dedos y debajo de las uñas, pero sin exagerar.

5. Sécalas con suavidad

Evita dejar las manos húmedas, ya que la humedad favorece la aparición de hongos. Usa una toalla limpia y seca, sin frotar con fuerza. También es recomendable usar toallas de algodón y cambiarlas frecuentemente.

6. Aplica crema hidratante a diario

La hidratación es clave para restaurar la barrera cutánea. Utiliza cremas con ingredientes humectantes como la glicerina, urea o ácido hialurónico, especialmente antes de dormir o después del lavado.

7. Utiliza gel hidroalcohólico solo cuando no puedas lavarte con agua y jabón

El gel es una alternativa eficaz, pero su uso continuado puede resecar y sensibilizar la piel. Aplica solo cuando estés fuera de casa o no tengas acceso a agua. Y, si es posible, elige fórmulas con agentes hidratantes incorporados.

8. Protege tus manos del frío y productos agresivos

El clima frío y los productos de limpieza son grandes enemigos de la piel de las manos. Usa guantes en invierno y también al manipular detergentes o desinfectantes domésticos. Prevenir es siempre la mejor opción.

La higiene de manos es una herramienta poderosa para cuidar tu salud, pero también lo es mantener tu piel sana. Con estos consejos, puedes lograr ambas cosas sin renunciar a ninguna. Recuerda: una piel bien cuidada es una piel que también te protege.

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Hombre pasando calor al dormir

Consejos para dormir mejor cuando hace mucho calor

El verano puede ser una época maravillosa: días más largos, más tiempo al aire libre, vacaciones… pero también puede traer consigo un enemigo silencioso del descanso: el calor. Las altas temperaturas, especialmente durante la noche, pueden dificultar el sueño profundo y reparador que nuestro cuerpo necesita. La sensación de incomodidad, sudoración y la dificultad para conciliar el sueño son más comunes de lo que parecen, afectando tanto a la calidad como a la duración del descanso nocturno.

Desde Farmacia Primero de Mayo queremos compartir contigo una serie de consejos prácticos para ayudarte a dormir mejor cuando el termómetro no da tregua.

1. Mantén el dormitorio lo más fresco posible

La temperatura ideal para dormir se sitúa entre los 18 °C y los 22 °C. Cuando la temperatura ambiente supera esta franja, el cuerpo tiene más dificultades para alcanzar la fase de sueño profundo. Para contrarrestar esto, ventila la habitación durante las horas más frescas del día (generalmente a primera hora de la mañana y al anochecer), baja las persianas y corre las cortinas durante las horas de sol para evitar que el calor se acumule en el interior.

2. Opta por ropa de cama ligera y transpirable

Evita los tejidos sintéticos, que retienen el calor y la humedad. Elige sábanas de algodón o lino, que permiten una mejor circulación del aire y ayudan a mantener una temperatura corporal más estable durante la noche. También es recomendable dormir con la mínima ropa posible, preferiblemente de tejidos naturales.

3. Dúchate con agua templada antes de dormir

Una ducha con agua ligeramente templada (ni muy fría ni muy caliente) ayuda a regular la temperatura corporal y a inducir una sensación de relajación. Al salir de la ducha, el cuerpo experimenta un leve descenso de temperatura, lo que favorece la conciliación del sueño.

4. Hidrátate correctamente (pero con moderación por la noche)

Durante los días calurosos, es fundamental mantenerse bien hidratado. Sin embargo, beber grandes cantidades de agua justo antes de ir a dormir puede interrumpir el descanso por la necesidad de levantarse al baño. Lo ideal es mantener una buena hidratación durante todo el día y reducir la ingesta de líquidos en las horas previas a acostarse.

5. Evita cenas copiosas y bebidas estimulantes

Las comidas pesadas elevan la temperatura corporal y dificultan la digestión, lo que puede alterar el sueño. Opta por cenas ligeras y frescas, como ensaladas, frutas o yogur. Además, evita el consumo de cafeína, alcohol o bebidas energéticas desde media tarde, ya que interfieren directamente con los ciclos del sueño.

6. Establece una rutina relajante antes de dormir

El cuerpo y la mente necesitan señales claras de que es hora de descansar. Crear una rutina relajante antes de acostarte, como leer un libro, practicar ejercicios de respiración o escuchar música suave, puede ayudarte a desconectar del calor y del estrés diario. También es recomendable evitar el uso de pantallas al menos 30 minutos antes de dormir, ya que la luz azul que emiten puede alterar la producción de melatonina, la hormona del sueño.

7. Evita el ejercicio intenso por la noche

Aunque hacer ejercicio regularmente mejora la calidad del sueño, practicarlo en las horas previas a dormir puede elevar tu temperatura corporal y dificultar la conciliación del sueño. Intenta ejercitarte por la mañana o a primera hora de la tarde para aprovechar todos sus beneficios sin afectar tu descanso.

El descanso nocturno no solo influye en tu energía diaria, sino también en tu sistema inmunológico, tu salud mental y tu bienestar general. Dormir bien es fundamental, incluso en verano.

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Mujer cuidádose la piel con un limpiador

Recomendaciones para cuidar tu piel después del sol

La exposición solar es fundamental para la síntesis de vitamina D, pero también conlleva riesgos si no se toman las precauciones adecuadas. Incluso cuando usamos protector solar, la radiación ultravioleta (UV) puede dejar huellas en nuestra piel: deshidratación, enrojecimiento, descamación e incluso envejecimiento prematuro. Por eso, cuidar la piel después del sol no es solo una cuestión estética, sino una parte esencial de la salud dermatológica.

En este artículo te ofrecemos una guía completa con recomendaciones eficaces y fáciles de aplicar para restaurar tu piel tras una jornada de sol, ya sea en la playa, en la montaña o en el día a día.

1. Hidrata intensamente, por dentro y por fuera

La radiación solar reseca la piel y agota su barrera natural. Para ayudar a su recuperación, la hidratación debe ser tu prioridad. Bebe abundante agua a lo largo del día para reponer líquidos perdidos y evitar la deshidratación celular. A nivel tópico, utiliza lociones hidratantes con textura ligera pero rica en ingredientes calmantes, que ayuden a regenerar la piel sin obstruir los poros.

Presta especial atención a zonas sensibles como el rostro, el escote y los hombros, que suelen recibir mayor exposición solar.

2. Refresca y calma la piel

Tras una larga exposición al sol, la piel suele estar caliente, enrojecida o incluso ligeramente inflamada. Una ducha con agua templada ayuda a bajar la temperatura cutánea sin agredirla. Evita el agua muy caliente y los jabones agresivos, ya que pueden eliminar los aceites naturales que protegen tu piel.

Después de la ducha, aplica una crema o leche corporal calmante. Ingredientes como el pantenol, la glicerina o el ácido hialurónico son grandes aliados para suavizar y reconfortar la piel.

3. Evita exfoliaciones y tratamientos agresivos

Durante los días posteriores a la exposición solar, la piel está más sensible y vulnerable. Es recomendable evitar exfoliantes físicos o químicos, peelings, mascarillas abrasivas o cualquier tratamiento que pueda comprometer la barrera cutánea. Este no es el momento de forzar la renovación celular, sino de nutrir y restaurar.

Una piel sana y bien cuidada se renueva de forma natural. Dale el tiempo que necesita para recuperarse y verás cómo mejora su textura y luminosidad.

4. Repara desde el interior

Además de la hidratación, una dieta rica en antioxidantes puede ayudar a contrarrestar los efectos del estrés oxidativo causado por el sol. Alimentos ricos en vitamina C, E, betacarotenos y omega-3 ayudan a fortalecer las defensas de la piel y acelerar su proceso de regeneración.

Incluir frutas como naranjas, fresas, arándanos, zanahorias, tomates y pescados azules como el salmón es una forma sencilla de cuidar la piel desde dentro.

5. Usa ropa adecuada y protección tras la exposición

Aunque el día soleado haya terminado, la piel sigue siendo sensible. En las horas o días posteriores, evita volver a exponerla al sol sin protección. Utiliza prendas ligeras de algodón que cubran bien la piel, y sigue aplicando protección solar si vas a estar al aire libre, incluso en días nublados.

Recuerda que los efectos del sol son acumulativos. Un buen cuidado post-solar no solo mejora el aspecto inmediato de tu piel, sino que contribuye a su salud a largo plazo.

Cuida hoy tu piel, y mañana te lo agradecerá

Tomarse el tiempo para mimar tu piel después del sol es una inversión en salud y bienestar. Una rutina adecuada puede marcar la diferencia entre una piel apagada y una piel saludable, luminosa y protegida frente al paso del tiempo.

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Doctor observando la piel del hombro de una paciente en caso de cáncer de piel

Cómo influye la exposición solar acumulada en el riesgo de cáncer de piel

La piel, nuestro órgano más extenso, actúa como una barrera protectora frente a múltiples agresiones externas. Sin embargo, uno de los factores más dañinos a los que se enfrenta a diario es la radiación ultravioleta (UV) del sol. A lo largo del tiempo, la exposición solar acumulada tiene un impacto directo en la salud cutánea, y uno de los riesgos más importantes —y a menudo subestimado— es el desarrollo de cáncer de piel.

¿Qué entendemos por exposición solar acumulada?

La exposición solar acumulada hace referencia a la cantidad total de radiación UV que una persona ha recibido a lo largo de su vida. Este factor no se limita solo a las jornadas de playa o actividades al aire libre en verano. También incluye momentos cotidianos como pasear al perro, conducir con el sol entrando por la ventanilla, o trabajar cerca de una ventana sin protección solar adecuada.

Aunque la piel tiene mecanismos para reparar el daño provocado por el sol, estos no siempre son eficaces. Con el tiempo, la radiación UV puede alterar el ADN de las células cutáneas, provocando mutaciones que pueden derivar en diferentes tipos de cáncer de piel, entre ellos el carcinoma basocelular, el carcinoma espinocelular y el melanoma, este último con un potencial altamente agresivo.

¿Por qué el riesgo aumenta con el tiempo?

Cada exposición solar sin protección es una pequeña agresión a las células de la piel. Al repetirse constantemente, estas agresiones se acumulan. No es solo el gran día de sol sin protección lo que cuenta, sino todos esos pequeños momentos que, sumados, forman un historial de daño solar.

Estudios dermatológicos han demostrado que más del 80% del envejecimiento visible de la piel está relacionado con la exposición solar. Y aún más relevante: se estima que el 90% de los cánceres de piel están directamente vinculados a la radiación ultravioleta.

Este riesgo es mayor en personas con piel clara, antecedentes familiares de cáncer de piel o que han sufrido quemaduras solares frecuentes en la infancia. Pero también afecta a personas con fototipos más oscuros, aunque a menudo se diagnostique más tarde debido a una falsa sensación de protección.

Prevención: el verdadero tratamiento eficaz

La buena noticia es que el cáncer de piel es uno de los tipos más prevenibles. La clave está en adoptar hábitos saludables desde edades tempranas y mantenerlos toda la vida. Esto incluye evitar la exposición solar en las horas centrales del día, utilizar protección solar adecuada a diario —incluso en días nublados o en interiores con exposición indirecta—, y revisar regularmente la piel en busca de lunares o manchas que cambien de forma, tamaño o color.

Acudir al dermatólogo ante cualquier sospecha y realizar autoexploraciones periódicas son prácticas fundamentales para la detección precoz, que mejora considerablemente el pronóstico.

Un compromiso con nuestra piel

Cuidar la piel no es solo una cuestión estética, sino una verdadera apuesta por la salud a largo plazo. La conciencia sobre el impacto de la exposición solar acumulada es el primer paso para reducir significativamente el riesgo de cáncer de piel. Invertir unos minutos al día en protección es una decisión que puede marcar la diferencia.

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Chica con su mano apoyada en el pecho por un dolor en el pecho

7 síntomas que nunca debes ignorar (y puedes consultar en la farmacia)

En nuestro día a día, es fácil restarle importancia a ciertos malestares físicos, atribuyéndolos al estrés, al cansancio o al paso del tiempo. Sin embargo, hay síntomas que, aunque parezcan leves o pasajeros, pueden ser señales de alerta que conviene atender a tiempo. La buena noticia es que muchos de ellos se pueden consultar directamente en nuestra farmacia, donde nuestro equipo puede orientarte, evaluar tu situación y derivarte, si es necesario, al especialista adecuado.

A continuación, te damos 7 síntomas que nunca deberías ignorar y que puedes consultar con tu farmacéutico de forma rápida, cercana y segura.

1. Dolor de cabeza persistente o frecuente

Un dolor de cabeza ocasional no suele ser preocupante, pero si se vuelve recurrente, aparece de forma intensa o viene acompañado de otros síntomas como visión borrosa, mareos o náuseas, es importante comentarlo. Podría tratarse de migrañas, hipertensión u otras causas que requieren seguimiento.

2. Tos que dura más de dos semanas

Una tos persistente puede deberse a múltiples factores: una infección respiratoria mal curada, alergias, reflujo gastroesofágico o incluso enfermedades más serias. Si han pasado más de 15 días y la tos no cede, es momento de consultarlo. En la farmacia podemos ayudarte a identificar el tipo de tos y valorar si es necesario derivarte al médico.

3. Cansancio extremo sin causa aparente

Sentirse cansado tras una jornada intensa es normal, pero si ese cansancio es constante, no mejora con el descanso o limita tu rutina diaria, podría estar relacionado con anemia, trastornos tiroideos, déficits nutricionales o incluso problemas emocionales. En la farmacia podemos ayudarte a iniciar una valoración.

4. Cambios repentinos en la visión o audición

Dificultad para enfocar, ver luces o sombras, zumbidos en los oídos o pérdida de audición no deben ignorarse. Una revisión auditiva o una valoración inicial de estos síntomas puede realizarse en muchas farmacias, como la nuestra, de forma sencilla y orientativa.

5. Pérdida o aumento repentino de peso

Variar unos kilos es normal, pero cuando el cambio es brusco, sin que hayas cambiado tu alimentación o tu actividad física, puede ser un signo de que algo no va bien: desde problemas metabólicos a trastornos digestivos o emocionales. Es un síntoma que siempre merece atención.

6. Heridas que no cicatrizan

Si tienes una herida pequeña que no termina de curarse tras varios días, o si la zona se inflama, enrojece o supura, es momento de consultar. Las farmacias no solo podemos ayudarte con el cuidado local, sino que también evaluamos si hay signos de infección o mala circulación, por ejemplo.

7. Caída excesiva del cabello

Aunque es habitual perder algo de cabello a diario, cuando la caída es muy notable o aparece en zonas concretas, puede indicar alteraciones hormonales, estrés, déficits de nutrientes o incluso problemas del cuero cabelludo.

Escuchar a tu cuerpo es salud preventiva

En muchas ocasiones, prestar atención a los pequeños avisos de nuestro cuerpo puede marcar una gran diferencia. Te invitamos a seguirnos en redes sociales, donde compartimos consejos útiles, información práctica y novedades pensadas para ti y tu familia. Estar bien informado es un gran primer paso… y en Farmacia Primero de Mayo estaremos encantados de acompañarte en ese camino.

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Alimentos ricos en hierro y cómo prevenir la anemia

La anemia es un problema de salud común que afecta a millones de personas en todo el mundo. Se produce cuando el cuerpo no tiene suficientes glóbulos rojos o hemoglobina para transportar oxígeno, lo que puede causar fatiga, debilidad y otros síntomas. La deficiencia de hierro es una de las principales causas de la anemia, por lo que una alimentación adecuada es clave para su prevención.

En este artículo, te contaremos cuáles son los alimentos más ricos en hierro y cómo puedes mejorar su absorción para evitar la anemia.

¿Por qué es importante el hierro en nuestra dieta?

El hierro es un mineral esencial para la producción de hemoglobina, la proteína encargada de transportar oxígeno en la sangre. También juega un papel fundamental en el sistema inmunológico, la producción de energía y el desarrollo cognitivo.

Cuando el cuerpo no recibe suficiente hierro, puede presentarse anemia ferropénica, que se manifiesta con síntomas como:

✅ Cansancio extremo
✅ Piel pálida
✅ Mareos o falta de concentración
✅ Caída del cabello
✅ Uñas frágiles

Si notas estos síntomas, es importante acudir a un especialista para un diagnóstico adecuado y ajustar tu alimentación.

Alimentos ricos en hierro que no pueden faltar en tu dieta

Existen dos tipos de hierro en los alimentos:

  • Hierro hemo: Se encuentra en alimentos de origen animal y se absorbe mejor en el organismo.
  • Hierro no hemo: Presente en alimentos de origen vegetal, pero su absorción es menor.

Para prevenir la anemia, es importante incluir en tu dieta alimentos ricos en ambos tipos de hierro.

🥩 Alimentos de origen animal (hierro hemo)

  • Hígado y vísceras (ternera, pollo, cerdo)
  • Carnes rojas magras (ternera, cordero)
  • Pescados y mariscos (almejas, mejillones, sardinas)
  • Pollo y pavo
  • Yema de huevo

🥦 Alimentos de origen vegetal (hierro no hemo)

  • Legumbres (lentejas, garbanzos, alubias, soja)
  • Verduras de hoja verde (espinacas, acelgas, kale)
  • Frutos secos y semillas (almendras, anacardos, semillas de girasol)
  • Cereales integrales y avena
  • Frutas deshidratadas (orejones, pasas, dátiles)

Cómo mejorar la absorción del hierro

El cuerpo no siempre aprovecha todo el hierro que consumimos, pero hay formas de mejorar su absorción:

🥗 Acompaña tus comidas con vitamina C: Alimentos como naranjas, kiwis, fresas o pimientos aumentan la absorción del hierro vegetal.

🚫 Evita el té y el café en las comidas: Contienen taninos que dificultan la absorción del hierro. Es mejor tomarlos entre horas.

🥛 Modera los lácteos en las comidas principales: El calcio compite con el hierro en la absorción. No significa eliminarlos, pero sí consumirlos con moderación en las comidas ricas en hierro.

🥩 Combina hierro vegetal con proteínas animales: Si incluyes pequeñas cantidades de carne o pescado en tu comida, el hierro vegetal se absorberá mejor.

Conclusión

Mantener una dieta equilibrada y rica en hierro es la mejor forma de prevenir la anemia. Si notas síntomas de fatiga constante o debilidad, consulta con tu médico o farmacéutico para evaluar tus niveles de hierro y encontrar la mejor solución.

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